Mirador Quilotoa

Un sencillo gesto que cumple con su función: facilitar la contemplación de la Laguna Quilotoa, sin irrumpir en el entorno. Un voladizo puente para navegar sobre la fantasía del lugar, que no deja de ser el verdadero protagonista de la intervención. Poético, simple, silencioso; de materiales afines con la montaña, sin pretensiones; frágil, esta arquitectura surfea en una cresta de Los Andes ecuatorianos; fulcro en el anillo del cráter de un volcán activo, en cuyo centro se ha empozado el lago turquesa. Una escalera-anfiteatro desciende hacia la superficie turquesa del agua. Agua glaciar. El piso se rompe para posarse naturalmente sobre la pendiente de la roca. La vista que ofrece está enmarcada por otro puente, de menor escala y transversal: el elemento que no se desfonda y permite transitar además de encuadrar y elevar. El vidrio no posee más estructura que su grosor para no interrumpir la relación entre el observador y el lago ni entorpecer las vistas. Planos transparentes.