Wuk 01. Cabaña Sacha-yacu en Papallacta

Pensar con las manos

Nos interesa comprender mejor los procesos. Desde el esfuerzo y la carga física que realiza un trabajador durante sus jornadas laborales, hasta la comprensión del comportamiento del material.

Utilizar la madera y hacerlo con nuestras manos, nos permite tener un re aprendizaje. El oficio del artesano cobra valor cuando comprendemos las dificultades de su tarea y las destrezas con las que se desempeña. De ellos aprendemos. A ellos les escuchamos. Con ellos diseñamos.

Por uno u otro motivo, en América Latina los profesionales nos hemos distanciado enormemente de la construcción, al punto de no poder ni utilizar las herramientas básicas para solucionar nuestros problemas. Producimos dinero para pagar a otro quién resuelva nuestras necesidades.

La búsqueda, parece primitiva. Tratamos de aprender lo que siempre se supo. Y de dominar los materiales con los que siempre se construyó, pero que los hemos dejado de lado, al punto de temer utilizarlos, por ignorar su comportamiento. Los problemas se los resuelve con estrategias sencillas. La madera al exterior se la cubre y/o protege. La fachada que queda expuesta, es quemada como lo hacían en la antigüedad, para evitar el crecimiento de hongos o plagas.

Los escombros tienen uso

De una infraestructura existente, se propone un proyecto más amigable con el sitio, el cual se reutilice materiales de la zona y menospreciados, se elimine el limite con la ciudad, genere accesos democráticos y se incorporen más los espacios entre sí. 

Nuestros propios legos

Partiendo del aprendizaje y los aciertos del sistema anterior, buscamos en esta nueva escala, comprender los procesos de una forma coherente. Nuevamente buscamos tener 0% de desperdicio, modulando las piezas y permitiendo al material (no tiene recubrimiento ni elementos decorativos), que sea quién determine la lógica constructiva. Reducimos costos, empleando los recursos en procesos necesario, pensando al material como acabado final, siendo este envoltorio y estructura, encontrando la belleza del mismo. 

Mirador Quilotoa

Un sencillo gesto que cumple con su función: facilitar la contemplación de la Laguna Quilotoa, sin irrumpir en el entorno. Un voladizo puente para navegar sobre la fantasía del lugar, que no deja de ser el verdadero protagonista de la intervención. Poético, simple, silencioso; de materiales afines con la montaña, sin pretensiones; frágil, esta arquitectura surfea en una cresta de Los Andes ecuatorianos; fulcro en el anillo del cráter de un volcán activo, en cuyo centro se ha empozado el lago turquesa. Una escalera-anfiteatro desciende hacia la superficie turquesa del agua. Agua glaciar. El piso se rompe para posarse naturalmente sobre la pendiente de la roca. La vista que ofrece está enmarcada por otro puente, de menor escala y transversal: el elemento que no se desfonda y permite transitar además de encuadrar y elevar. El vidrio no posee más estructura que su grosor para no interrumpir la relación entre el observador y el lago ni entorpecer las vistas. Planos transparentes. 

Reducir procesos

Buscamos el mismo resultado material, con un proceso mucho más rápido. Para esto, se busca que el sistema sea lo mínimo, la menor cantidad de piezas (2), que se traban y se ensamblan, se apoyan y/o suspenden, asegurando estabilidad y versatilidad en el armado. Cada pieza cumple un rol específico, haciendo que sus aplicaciones sean indefinidas y diversas. Los planos crean espacios, la estructura es arquitectura.